A mediados del año pasado Julio Roberto Gómez Esguerra (como le gustaba que lo llamaran) me llamó al celular y como siempre, alegre, atento y respetuoso, me preguntó cómo me había ido con la pandemia. Hablamos un poco del difícil momento. Le pregunté cómo estaba y me dijo que bien.
Esa fue la última vez que escuché esa voz, una voz muy familiar entre los reporteros encargados de la fuente sindical y entre la gran mayoría de colombianos que lo escuchaban en la radio o lo veían cuando aparecía en televisión hablando del aumento en el salario mínimo, de la convocatoria a un paro o de la realización de una huelga.